LA CARTERA CASTIGADA, UNA INDUSTRIA BILLONARIA DE ALTA ESPECIALIZACIÓN

Para lucir mejor en la foto de cierre de balance, las entidades financieras aplican una agresiva estrategia de castigos de cartera, más aún ahora que la pandemia ha supuesto una presión desmedida sobre los porcentajes de incumplimiento en los pagos.

El mercado de cartera castigada en Colombia se concentra en su mayoría en portafolios de deuda (non-performing loans, NPLs), más que en otros activos tóxicos de naturaleza inmobiliaria (real estate owned, REOs), como sí pasa en Estados Unidos y Europa.

Además del vocablo anglosajón NPLs y otros como “distressed”, para la cartera improductiva en Colombia se usa la denominación criolla “cartera castigada”, referida al endeudamiento impagado de deudores insolventes, que se les ha dado tratamiento contable de pérdida, al bajarlos del balance, y que previamente ya han sido provisionados al 100%, debido a que han llegado a un estado avanzado de incumplimiento que les obliga una calificación en categoría “E”. Según el tipo de cartera, varía la altura de mora.

Por lo general en Colombia las entidades comenzaban a efectuar castigos sobre cartera que alcanzaba los 360 días de mora, pero esa temporalidad se ha venido recortando, y hoy los procesos de castigos de cartera, por ejemplo, en consumo se hacen desde los 180 días de vencida, microcrédito desde los 120 días, y comercial a los 360 días. En su mayoría, las entidades castigan el crédito en el momento en que su valor neto contable en estados financieros es igual a cero pesos. Es así como la cartera castigada en poder de las entidades financieras pasó de 27,5 billones de pesos a diciembre de 2019, a 31,7 billones en 2020, creciendo 4,2 billones.

Lo cierto es que el verdadero ritmo de los castigos que han efectuado las entidades crediticias en medio del deterioro de cartera por la pandemia, no se alcanza a dimensionar porque a su vez, manejan agresivas y recurrentes ventas de cartera castigada a las entidades especializadas, especialmente en Colombia que cuenta con uno de los mercados más maduros de la región, madurez que se mide entre otros aspectos, por la adopción de políticas de venta de cartera recurrentes y periódicas, a diferencia de otros países como los centroamericanos donde las ventas de cartera se logran luego de profundos debates y análisis, como momentos particulares y esporádicos, y no como parte natural del Ciclo de Negocio de Riesgo de crédito.

Las cifras más recientes del año 2021 dan cuenta que las entidades crediticias en Colombia contaban al cierre de marzo con Cartera Castigada del orden de los $34.8 billones de pesos, creciendo para abril en un billón de pesos más al alcanzar los  $35.8 billones de pesos a abril , cifra millonaria si se compara con los $25,4 billones que es el saldo total de cartera vencida, en balance en mora mayor a 30 días a marzo  ($25,6 billones de cartera vencida al cierre de abril con mora mayor a 30 días sin IOE´S). Es decir que la cartera castigada fuera de balance representa el 110% del total de la cartera vencida mayor a 30 días de mora, lo que refleja un amplio potencial de inversión en materia de activos en dificultades (distressed assets).

Sin duda los castigos causan una gran distorsión a la hora de hacer mediciones y comparativos sobre la real calidad de la cartera. Es así como a abril de 2021, el indicador de calidad de cartera de crédito del sistema financiero medido por temporalidad fue del 4,91%. Al sumarle los castigos de cartera, el indicador más que se dobla, al pasar al 11,02%. (10,89% para marzo indicador con castigos VS 4.9% sin castigos).

Del total de esta cartera, los bancos concentran el 95%; a su vez 5 entidades concentraban al corte de marzo el 69%: Bancolombia (17%); Davivienda (18%); Banco de Bogotá (15%); Occidente y Scotiabank Colpatria (cada uno con el 9%). 

Según lo reconoció el Superintendente Financiero en su informe de comportamiento de la cartera a marzo de 2021: “El menor ritmo de crecimiento de la cartera obedece tanto a un efecto base en el portafolio comercial como al incremento de los castigos de cartera improductiva, principalmente en consumo. En marzo el saldo bruto de cartera ascendió a $526.5b, con lo cual el indicador de profundización alcanzó el 52.1% del PIB. En términos reales la cartera bruta registró una variación anual de -1.6%, la tasa más baja de los últimos diez años (8.14% en promedio). Durante el mes, los castigos alcanzaron los $2.2b, acumulando $4.96b durante el primer trimestre”

Este negocio de compra-venta de cartera castigada, se constituye en una billonaria industria en Colombia y en la Región, de comportamiento contra cíclico, que, si bien convoca actores de todo tipo, se distingue por su alto nivel de sofisticación.

A pesar de la crisis por la pandemia, los operadores de cartera castigada en Colombia celebran un buen año, teniendo en cuenta que la recuperación ha mantenido su dinámica; incluso en algunas carteras se ha incrementado.

Participan de las ventas, originadores de crédito de diferente naturaleza, entidades crediticias, vigiladas y no vigiladas, empresas del sector real, retail, telcos y servicios públicos, quienes han visto en este mecanismo la viabilidad de darle liquidez al activo improductivo, la generación de ahorros en costos de recuperación y en pesadas estructuras salariales; la disminución de carga operativa que permita la focalización de todos los esfuerzos y recursos hacia la contención y recuperación de cartera en moras tempranas, más aún ahora que la cartera se ha visto afectada por la crisis causando un desbordamiento de las capacidades en las áreas de cobranza que deben atender oleadas de clientes que piden algún tipo de alivio para que su cuota disminuya, a los que hay que fabricarles su traje a la medida para que el remedio no termine siendo más perjudicial que la enfermedad.

Por su parte, los compradores están representados en firmas conocidas como colectoras, de gran trayectoria y experiencia, que han logrado desarrollar un negocio bastante rentable a partir de una gestión diferencial sobre activos que para los originadores han perdido su valor. También participan Fondos Especializados de Capital de Riesgo, o Fideicomisos de Inversión en activos improductivos, hasta Bancas de Inversión, que más que operadores están del lado del fondeo. Especialmente las mismas empresas de cobranza ganan cada vez más participación tomando posición propia sobre esta cartera que bien conocen. Un activo que sin duda ha incrementado su nivel de apetito y su precio.

En Colombia son protagonistas de este mercado firmas colectoras tradicionales y pioneras como Refinancia, Crear País y Covinoc; Sistemcobro ahora como Sistemgroup; Inverst - Inversionistas Estratégicos especializado en cartera hipotecaria. Han llegado además nuevos actores como QNT; Multilatinas como ARS líder en Ecuador y Centro América y GPS Colombia Asset Management de origen argentino.

A su vez, las empresas de cobranza se han metido fuerte a este negocio a través de firmas como AECSA, COBRANDO y Grupo Consultor Andino, entre otras, además con una ventaja competitiva que se desprende del hecho que se trata de carteras, que bien conocen por que las llevan cobrando desde etapas tempranas.

En este mercado también hicieron historia firmas como la ya desaparecida Konfigura que operaba con Fiduciaria Alianza y CGA Compañía de Gerenciamiento de Activos que llegó a tener posición propia sobre uno de los mayores portafolios de cartera de préstamos e inmuebles improductivos de Colombia.

En este ecosistema opera también la Central de Inversiones S.A. (CISA) que es el colector público del Estado colombiano que tiene, entre otras funciones, comprar, comercializar y administrar cartera y otros activos en riesgo de las entidades públicas, quien, en el marco de la emergencia por la pandemia, ofreció en 2020 alivios especiales para sus deudores de cartera, como medida de apoyo social, por valor aproximado de $24.968 millones de pesos.

En 2020, CISA adquirió 51,030 obligaciones con un saldo de capital de $520,954 millones de pesos (72% al FNG), pagando por ellas un valor de $20.666 millones de pesos correspondiente a un 3.97% del valor de capital.

Por su parte, algunas entidades financieras han creado, dentro de su grupo empresarial, compañías especializadas para trasladarles las carteras castigadas, a manera del mal llamado “bad bank -banco malo”, como es el caso del Banco Caja Social con Promotora de Inversiones y Cobranzas; Finandina con Fincomercio; o lo que llegó a ser Reintegra para Bancolombia; buscando la maximización de la recuperación del activo expuesto en riesgo mediante la especialización de la cobranza, que además se gestiona con otra camiseta, dentro de un marco regulatorio en materia de cesión de créditos y cesión de derechos litigiosos relativamente sencillo.

Los “bancos malos” han sido herramientas eficaces para sanear los sectores financieros en varios países durante las últimas décadas, incluidos Suecia, Nigeria y Vietnam; y ahora India donde se estudia una importante iniciativa en este sentido.

Teniendo en cuenta que los precios ofrecidos por los compradores se mantienen excesivamente alejados de las expectativas, de las entidades dueñas de la cartera, siempre hay un mejor postor para carteras que se negocian desde porcentajes increíbles del 3% o 4% sobre el capital, en cartera de consumo estándar sin garantía; incluso existen subastas que bien pueden cerrarse al 1% del valor del capital o incluso al 8%, 10% o 12%, ya que todo depende de la mezcla de portafolio, tipo de cartera, altura de mora, garantías, ubicación (ciudades principales o municipios rurales), gestión que se le ha realizado, porcentaje de clientes localizados, costos de recuperación, entre otros.

Los modelos de valoración de estas carteras por lo general consideran un horizonte de recuperación de 3 años y un porcentaje mensual de recuperación que oscila entre el 0,4% mensual, hasta el 1% o 1,5% mensual promedio, según el grado de envejecimiento o mora de la cartera, su concentración geográfica, tipo de cartera, si tiene o no garantía o deudor solidario, entre otros.

El EFECTO BUMERAN

Los expertos coinciden, en que, gracias a los alivios otorgados por los diferentes Gobiernos, gran parte de la cartera en riesgo aún no se ha revelado en la mayoría de los países, por lo que aún no se ha visto la totalidad de ese empeoramiento. Según los expertos, se espera que el mercado de cartera castigada doble su tamaño para el 2022, y en algunos países hasta se triplique, debido al aumento en los procesos de venta; por una parte por políticas más agresivas, de parte de las entidades crediticias, y por otra, debido a la participación de nuevos actores que hasta ahora han sido tímidos a la hora de vender su cartera, como las Cooperativas, el retail, los telcos y el sector real, los que tarde o temprano se dejarán seducir dada la caída de la actividad económica causada por las protestas sociales, y la pandemia, que ha llevado al desempleo por encima del 15% en Colombia.

Ejecutivos de la firma Carriguez así lo resaltan: “El efecto búmeran de la pandemia existe y se va a materializar –ya lo está haciendo– en un incremento significativo de la deuda de los consumidores y empresas, precisamente como resultado de la liquidez adicional de emergencia que ha sido inyectada o promovida por un gran número de estados. Las moratorias sobre los préstamos y otras medidas puestas en marcha para aligerar temporalmente la carga financiera de un gran número de deudores ya han finalizado, o tocarán pronto a su fin. En este escenario, todos los operadores del mercado coinciden en que los próximos años las transacciones sobre deuda y activos tóxicos alcanzarán niveles muy elevados. De un lado, las entidades financieras tendrán que reforzar su capital y, las que no, intentarán mantener a raya los niveles de morosidad de sus clientes, mediante el vaciado o limpieza de sus balances a través de venta o totalización de deuda o activos. De otro lado, los jugadores tradicionales del buy-side seguramente se verán tentados a reorientar sus inversiones, deshaciéndose de carteras, que por la tipología de la deuda o de la garantía, ya no son estratégicas para los nuevos planes”.

Para José Luis López, Socio Global de Riesgos para Servicios Financieros de Minsait (Indra) en España: “se ha inyectado mucho dinero y el sistema está fluyendo por el momento. Esa borrachera que terminará el algún momento indudablemente acabará en resaca”.

Frente a esta realidad se hace evidente la llegada de nuevos jugadores, fondos de inversión con Presencia global, en un mercado hasta entonces mayoritariamente regional. Sin embargo, los principales actores saben que, para entrar al mercado colombiano, y más aún en este momento particular de entorno, lo que menos se necesita es plata, porque la plata se consigue y hay suficiente para invertir. La puerta de entrada es confianza, inteligencia de negocio, “know how”, ética, eficiencia operativa, calidad en la atención al cliente deudor y estar en la “jugada” con buena información para llegar a tiempo cuando se abran las ofertas o subastas.

Es así como el mercado se ha purgado a sí mismo y los tradicionales inversores de oportunidad se quedaron hace tiempo por fuera de la torta en un mercado, que transa solo con operadores expertos, profesionales, regulados, con procesos certificados, prácticas laborales ejemplares, y un modelo de atención de clientes a toda prueba, ya que si bien la cartera se vende en firme, la mente del deudor sigue conectada a su entidad originadora y un error en este sentido puede traer consecuencias graves en Riesgo Reputacional, más ahora en una sociedad polarizada y más beligerante en la que la banca no sale bien calificada.

Es por esto por lo que el simple cálculo de VPN de la recuperación actual ya no es suficiente, para tomar la decisión de comprar o vender, ya que los indicadores de este mercado van más allá de la recuperación misma de la cartera y se adentran a otro tipo de consideraciones en las que el Riesgo Reputacional, también tiene peso en la decisión. Es por esto por lo que, al momento de negociar la venta de un portafolio, pesa tanto el: ¿a cómo? … Como el: ¿a quién?

TENDENCIAS DEL MERCADO

Los siguientes son 8 tendencias que se destacan en este sector:

1. Consolidación de áreas operacionales, analíticas y legales altamente sofisticadas que soportan las ventas recurrentes de cartera, tanto por parte de los compradores como en los vendedores.

2. La industria se ha caracterizado por un mayor uso de tecnología en toda la cadena de valor, desde la documentación y su custodia, con el uso de contratos electrónicos y pagarés desmaterializados. Por su parte se han ido sofisticando los servicios conexos requeridos por los inversionistas, favoreciendo la aparición de proveedores especializados que manejan procesos con estándares internacionales.

3. Sofisticada inteligencia de negocio con modelos analíticos de avanzada y herramientas de Big Data, inteligencia artificial y maching learning, que se han incorporado en toda la cadena de valor del negocio, desde la construcción de los modelos de riesgo y el análisis financiero al momento de la valoración de los portafolios, hasta la micro-segmentación de cartera, gestión de cobro y la instrumentación de la multicanalidad.

4. Mayor incorporación de bots y otras herramientas de cobranza digital, antes reservada para las moras tempranas, lo que además ha permito desarrollo de modelos de auto servicio o auto-atención a los que los clientes pueden acceder 7x24. Sin embargo, ha sido una constante la concepción de la tecnología como soporte para la operación, el hacer más eficiente las tareas rutinarias y ampliar las capacidades, pero nunca como un reemplazo del negociador especializado quien sigue estando al frente de las carteras más complejas y de mayor relevancia, en momentos en que el deudor necesita una atención personalizada, permitiendo diseñar soluciones a la medida.

5. La cobranza empática se ha tomado el mercado con nuevas formas, canales y soluciones que permitan entender las nuevas realidades de los deudores. Sin embargo, la potente inteligencia de negocio desarrollada por las compañías colectoras les permite segmentar muy bien sus portafolios de clientes para no dejar de aplicar la tradicional estrategia de coaccionar el pago inmediato bajo la presión de un descuento extraordinario de única oportunidad, que tanto ha funcionado en este mercado. Sin duda el mayor riesgo es que una mala gestión de cobranza acabe con lo que normalmente resulta un negocio muy lucrativo.

6. La incorporación de data alternativa que permita inferir con mayor precisión la real situación de los deudores, las actividades de las que deriva sus ingresos en el nuevo entorno, hasta cual es el canal más efectivo para cobrarle y en que franjas horarias.

7. Sin duda el trabajo en casa llego para quedarse, pero no al 100%; lo que se ve es una mezcla de operadores o gestores en piso, combinado con operadores desde casa, con modelos de alternancia, lo cual supone un gran esfuerzo en reinventar los modelos de supervisión, medición, comunicación y liderazgo.

8. Esta industria que había existido hasta ahora para cerrar el ciclo de riesgo de crédito con la recuperación final de la cartera, ha ido evolucionando hacia un nuevo concepto de mayor trascendencia: la rehabilitación del deudor vencido para que pueda ser sujeto de crédito de nuevo, y es aquí en donde encuentran los empresarios de este mercado, su mayor aporte social y económico a un país que demanda un mercado financiero más incluyente, con mayor relevancia y alcance.