El colchón sigue ganándole a la cuenta bancaria: lo que el RIF 2025 no dice sobre los depósitos

El colchón sigue ganándole a la cuenta bancaria: Lo que el Reporte de Inclusión Financiera RIF 2025 no dice sobre los depósitos
Bogotá, agosto de 2026
La puerta está abierta, pero medio país prefiere no cruzarla del todo
Resulta casi insultante que en 2026 —cuando cualquier entidad ofrece una cuenta digital en minutos, cuando bancos y fintechs se disputan premios por innovación financiera, y cuando la cobertura de puntos de atención llegó a 2,26 millones de canales en el 100 % de los municipios del país— los colombianos sigan comportándose como si el colchón fuera un producto financiero más. El RIF 2025 lo confirma con una frialdad casi cómica: el acceso a productos de depósito no solo no creció, retrocedió 0,2 pp, de 96,7 % a 96,5 %. Y aunque el uso subió a 85,5 %, ahí sigue, terco, un colchón de 11 puntos porcentuales entre quien tiene la cuenta y quien realmente la usa. Nunca había sido tan fácil abrir una cuenta. Nunca había sido tan barato, tan digital, tan al alcance de la mano. Y sin embargo, más de un adulto de cada diez que ya tiene la puerta abierta decide no cruzarla.
¿qué es exactamente lo que sigue empujando al colombiano promedio a preferir la desconfianza sobre la conveniencia?
Cuatro productos, cuatro historias, y solo una que de verdad convence
Las cifras de 2019 a 2025 no cuentan una historia de inclusión financiera. Cuentan cuatro historias distintas, y solo una de ellas es genuinamente alentadora.
La cuenta de ahorro sigue siendo, y seguirá siendo, la puerta de entrada por excelencia: 8,6 puntos de crecimiento en seis años, con un salto de 1,7 pp solo en el último. Es la historia aburrida, previsible, sin sobresaltos —y por eso mismo, la más sólida de las cuatro.
La segunda historia es más interesante, y el reporte la narra con demasiada calma. Los depósitos de bajo monto pasaron de 45,7 % a 76,9 % en apenas cinco años, un crecimiento casi vertical. Pero léase bien la letra pequeña: 26,4 de esos 31,2 puntos se ganaron entre 2020 y 2023, y en los dos años más recientes el indicador apenas se movió 4,8 pp. Lo que el informe llama "consolidación" bien podría llamarse saturación.
La tercera historia es la de un producto que agoniza sin que nadie declare oficialmente su muerte: la cuenta corriente, cayendo año tras año hasta un residual 3,8 %.
Y la cuarta es la más reveladora de todas, aunque el reporte la mencione casi de paso: los CDT, dormidos en 1,6 % durante tres años, despertaron exactamente cuando las tasas de interés se pusieron atractivas y hoy duplican su participación de 2021. Ahí no hay inclusión financiera. Hay dinero inteligente persiguiendo rentabilidad, lo cual es sano, pero es otra conversación —la de quien ya está adentro del sistema y sabe cómo hacerlo trabajar, mientras la mayoría de los 33,5 millones de adultos "incluidos" sigue estacionada en un producto que ni siquiera paga intereses reales.
¿Cuál de estas cuatro historias vamos a seguir llamando, sin distinción, "inclusión financiera"?
El dato que el informe amplía hasta que desaparece
Y aquí está el detalle que separa un reporte técnico de un ejercicio de relaciones públicas bien vestido de estadística: el texto nunca dice que los depósitos de bajo monto cayeron. Dice que "en los dos últimos años la expansión fue más moderada, con un incremento conjunto de 4,8 pp" —una frase construida, palabra por palabra, para que el lector distraído vea crecimiento donde en realidad hay un retroceso.
El indicador pasó de 77,4 % en 2024 a 76,9 % en 2025. No se moderó: cayó 0,5 pp. Lo que el reporte presenta como "incremento conjunto de 4,8 pp entre los dos últimos años" es, en realidad, la suma de un año bueno (2023-2024) y un año malo (2024-2025), amasada en un solo bloque para que la caída desaparezca dentro del promedio. Es una técnica de redacción tan antigua como efectiva: cuando el dato de un año no conviene, se amplía la ventana hasta que el mal año se diluya en el bueno.
Todos nos preguntamos: ¿por que no nos decimos las cosas como son? a quién queremos impresionar? ¿al Presidente para que nos reeleja?
Contar productos no es lo mismo que incluir gente
Una de los problemas, es que a la política pública y a los informes de las entidades financieras y los gremios, les fascina la estadística de inclusión: contar productos como si contar fuera lo mismo que incluir.
El saldo promedio real de una cuenta de ahorro colombiana volvió a caer. COP 3,72 millones nominales, que descontada la inflación del 5,1 % representan menos poder adquisitivo que en 2024. El único producto de depósito que sí creció en términos reales —un 3,1 %— fue el depósito de bajo monto, y ahí está la ironía completa del sistema: el saldo promedio de ese producto "en expansión" es de COP 98 mil pesos. Noventa y ocho mil pesos es lo único que crece de verdad en el sistema financiero colombiano, y no alcanza para una llanta de bicicleta.
La geografía, como siempre, cuenta la historia más honesta. Bogotá concentra 4,2 cuentas de ahorro por adulto; Vaupés, 0,7. Por su parte, Guainía nos presenta una cifra tan sorporende como preocupante (por aquello del lavado de activos) —uno de los departamentos con menos cuentas por habitante del país— tiene el saldo promedio por cuenta más alto de Colombia, COP 11,4 millones, muy por encima de Bogotá. En la periferia hay poca gente bancarizada, pero la poca que está adentro maneja más plata que el bogotano promedio. El sistema no ha fallado en llevarles productos a los departamentos remotos; ha fallado en llevárselos a la mayoría de su gente.
Y luego está la paradoja de género : los hombres tienen más cuentas de ahorro (2,4 frente a 2,1), pero las mujeres tienen más depósitos de bajo monto en número (2,3 frente a 1,4). Y en ambos productos, sin excepción, el saldo promedio de las mujeres es mayor que el de los hombres. Menos cuentas, más plata por cuenta. Alguien debería preguntarse en voz alta si esto refleja disciplina financiera femenina, exclusión de productos adicionales, o las dos cosas a la vez.
Por último, el verdadero ganador silencioso de la "inclusión de bajo monto": los establecimientos bancarios concentran 16,4 depósitos de bajo monto por cada 10 adultos, pero son las SEDPE —las billeteras digitales, las fintech de pago— las que sostienen el segundo lugar en volumen con el saldo promedio más bajo de todo el sistema: COP 12,6 mil. Ahí no hay ahorro, hay tránsito de plata que entra y sale el mismo día. Llamarle "inclusión financiera" a una cuenta que nunca acumula nada es, en el mejor de los casos, optimismo regulatorio.
