Con el Foco en la Cartera Crediticia

El cuatrienio que culminará este año no solo dejó un balance complejo en materia económica y social sino que fue ilustrativo en señalar cómo la materialización de múltiples de choques puede propiciar un periodo de desaceleración económica con efectos sobre las decisiones de consumo, inversión, finanzas públicas y crédito.
A manera de balance a lo largo de un periodo de ajuste y de continua y prolongada desaceleración económica (2014- 2017), el desempeño crediticio, sensible a los impactos sobre la situación financiera de hogares, empresas y gobierno, no fue ajeno a esta dinámica.
Así, mientras al cierre de 2014 la cartera bancaria crecía por el orden del 11,5% real, en 2017 el incremento fue de 2.0%. Aunque la irrigación de crédito volvió a superar la dinámica económica, es claro que la desaceleración de la cartera estuvo influenciada, específicamente, por la profunda debilidad de la confianza y el consumo de los hogares, el bajo crecimiento de la inversión y el poco dinamismo de sectores como la industria, el comercio y la construcción, otrora motores sólidos del cre- cimiento económico. A estas situaciones se aunaron, parcial y temporalmente, las condiciones monetarias contractivas para el crecimiento de la actividad económica. La confluencia de estas situaciones, en consecuencia, mitigó la capacidad de endeudamiento y pago de empresas y hogares.
Este panorama no pudo haber dejado un resultado distinto al del deterioro de la calidad de la cartera a nivel en todas las modalidades, particularmente en el segmento empresarial. Para el cierre de 2017, el indicador que mide la proporción de la cartera morosa se situó en 4,3% a nivel agregado, es decir, 1,4 puntos porcentuales por encima del registro de 2014. Es importante tener en cuenta que, adicional a la debilidad de la actividad productiva, dos hechos específicos contribuyeron a este deterioro: (i) la liquidación de Electricaribe en marzo de 2017, que llevó a los bancos a reclasificar toda la cartera de esta entidad como vencida, y (ii) los hechos de corrupción en el proyecto Ruta del Sol II, que tuvieron un efecto similar. Solo estas dos situaciones aisladas aportaron alrededor de 0,3 pp al indicador de vencimientos.
Sin embargo, a pesar del aumento en los niveles de morosidad, las cifras actuales en materia de calidad pueden catalogarse como gestionables y acordes con un ciclo económico en el cual se materializaron múltiples y severos choques negativos sobre la dinámica productiva local. Las acciones adelantadas mediante la continua gestión de riesgos de los bancos, expresada en indicadores robustos de solidez y estabilidad para garantizar la fortaleza del sector, junto con la generación de alternativas para los clientes en materia de pago de sus obligaciones y el mejoramiento de las perspectiva sobre el rumbo de la economía, nos permiten hoy ser optimistas sobre el ciclo económico, la expansión de los negocios y la calidad crediticia.
En efecto, tras varios años de esperanzadoras proyecciones, hoy el grueso del mercado espera que la economía empiece a mostrar un repunte sostenido, aunque moderado, a lo largo de 2018. En tal sentido, los análisis prospectivos y de riesgos nos señalan que, tras un 2017 caracterizado por presentar el crecimiento económico más bajo desde 2009, la dinámica en la generación de valor agregado será positiva en el corto y mediano plazo. La cifra de crecimiento de 2.2% del primer trimestre, aunque relativamente baja a nivel histórico, parece señalar un punto de inflexión en el actual ciclo económico.
No obstante, la perspectiva de cierre para este 2018 mantiene, en todo caso, importantes tintes desafiantes, todo ello en un contexto de cambio de Gobierno y de grandes desafíos para mantener y fortalecer la estabilidad macroeconómica y dinamizar el crecimiento.
En lo que respecta al caso concreto de la cartera bancaria, en lo corrido del año se han dado muestras de recuperación, pues a marzo ya crecía al orden del 2,8% real anual. Así mismo, pareciera que la reactivación económica del país, la cual seguramente se concretará, podrá propiciar un escenario de crecimiento de la cartera alrededor del 6.0% real hacia el cierre de 2018.
A pesar de la recuperación de la cartera crediticia, los indicadores actuales nos permiten hoy prever, que se requerirá una mayor dinámica crediticia en los próximos años para aumentar los beneficios derivados de una profundización financiera más amplia. El país demanda con premura que por esta vía se incrementen los niveles de formalización, eficiencia y competitividad de nuestras empresas.
Estas dinámicas, en consecuencia, también marcarán el comportamiento de la calidad crediticia, que a marzo de este año bordeaba el 4,8%, una situación ya contemplada dentro de los escenarios de estrés del sector. Empresas y hogares creciendo de manera responsable y sostenible son parte de la garantía para seguir construyendo una economía que crece de manera estable y sostenida. Este, desde luego, es un propósito superior con el cual el sector bancario y crediticio se encuentra comprometido. La estabilidad macroeconómica y financiera del país es sin duda un pilar fundamental para el desarrollo económico y social de los colombianos y de allí que la banca y el sistema financiero continúen redoblando esfuerzos para avanzar en este difícil pero prometedor proceso de construcción de país.
