Evolución de la Cartera: Del Punto de Inflexión (Dic 2025) al crecimiento sostenida (Ene–Feb 2026)

Cierre de 2025: el sistema financiero sale del ciclo contractivo
El cierre de 2025 marcó un punto de inflexión estructural para el sistema financiero colombiano. Tras más de dos años de contracción real, diciembre consolidó el retorno al crecimiento positivo, y los primeros meses de 2026 muestran que la recuperación no solo se mantiene, sino que gana tracción.A diciembre de 2025, el saldo bruto de la cartera alcanzó $762,8 billones, con un indicador de profundización de 41,2% del PIB.
Lo más relevante del cierre anual es la consistencia del cambio de tendencia:
- Variación real anual: +2,4%, octavo mes consecutivo en terreno positivo.
- Todas las modalidades crecieron en términos reales, con microcrédito como la modalidad de mayor dinamismo.
- Crecimiento nominal de 7,6%, reflejando la corrección del efecto inflacionario.
- Castigos por $1,2 billones, concentrados en consumo (77%) y comercial (15,9%), en línea con la depuración del deterioro acumulado en 2022–2023.
El cierre de 2025 dejó claro que el sistema financiero entró en una fase de normalización, con crecimiento moderado, depuración ordenada y señales de recuperación en todos los segmentos.
Punto de Giro: Diciembre cerró la brecha de más de dos años de contracción real, estableciendo una base sólida para el ejercicio 2026.
Enero 2026: la recuperación se estabiliza y se amplifica
En enero, el sistema financiero extendió la tendencia positiva:
- Saldo bruto: $766,9 billones.
- Profundización: 41,4% del PIB.
- Variación real anual: +2,9%, noveno mes consecutivo de crecimiento real.
- Crecimiento nominal: 8,4%.
- Castigos: $1,1 billones, con composición estable:
- Consumo: 82,3%
- Comercial: 11,1%
Enero confirmó que el crecimiento observado en diciembre no fue un efecto estacional ni un rebote técnico, sino el inicio de un ciclo expansivo sostenido.
Febrero 2026: el crecimiento se acelera y la profundización mejora
Febrero consolida la tendencia y muestra una aceleración clara:
- Saldo bruto: $778,0 billones.
- Profundización: 42,0% del PIB.
- Variación real anual: +3,6%, décimo mes consecutivo en terreno positivo.
- Crecimiento nominal: 9,1%, reflejando un entorno inflacionario más benigno.
- Castigos: $1,3 billones, con composición similar: Consumo: 80%/Comercial 10,7%
- Cartera en transición: crecimiento que emerge mientras el riesgo se depura -
La aceleración entre enero y febrero confirma que el crédito está recuperando dinamismo en un entorno macroeconómico más estable, con demanda creciente y un proceso de depuración que avanza sin generar tensiones sistémicas.
Sin desconocer que parte de la estabilización observada en los indicadores agregados está sostenida, en parte, por esta limpieza derivada del ritmo constante de castigos de cartera.
El crédito vuelve a ser un motor de expansión, no solo un mecanismo de contención. La profundización mejora, la demanda se reactiva y la originación crece en todas las modalidades, con microcrédito como punta de lanza.
Microcrédito como Punta de Lanza: Desde diciembre de 2025, esta modalidad ha mantenido el liderazgo indiscutible en crecimiento. El hecho de que sea el motor constante durante el trimestre sugiere una resiliencia estructural del crédito productivo. No en vano fue la modalidad que soportó, en mayor medida, la presión por alcanzar la meta del pacto por el crédito.
Si 2025 fue el año del Pacto por el Crédito, 2026 será el año del Programa Abrigo, una iniciativa que —por diseño— presiona al alza la demanda de microcrédito. Abrigo busca proteger y fortalecer a los micronegocios más vulnerables, especialmente aquellos que operan en sectores de baja formalidad y alta rotación.
Colombia está dejando atrás el ciclo de contracción crediticia y entrando en una fase de crecimiento real, moderado y sostenible, con fundamentos más sólidos, una recomposición saludable del riesgo y un sistema financiero que va recuperando su apetito de riesgo.
En solo dos meses, el sistema ha acelerado su crecimiento real en 120 puntos básicos. Esto no es inercia; es un cambio de velocidad que demuestra que el mercado financiero colombiano ha pasado de la "estabilización" a una "expansión vigorosa
BAJO UNA MIRADA MÁS INQUISIDORA
Sin embargo, abordando el análisis desde otra mirada, la velocidad de esta mejora debe leerse con cuidado, ya que parte de su impulso responde a efectos base y a una recomposición del portafolio más que a una expansión plenamente orgánica.
El análisis de la composición del crecimiento refuerza esta lectura. Desde diciembre, la expansión ha sido transversal a todas las modalidades y ha estado liderada de manera consistente por el microcrédito, lo que introduce una característica estructural en la recuperación: el dinamismo proviene de segmentos con mayor sensibilidad al ingreso y mayor volatilidad en calidad. Este patrón no se corrige en el primer bimestre de 2026, sino que se mantiene e incluso se profundiza, lo que implica que el sistema está reconstruyendo volumen desde la periferia del riesgo y no desde sus segmentos más estables. En términos estratégicos, esto redefine la naturaleza del crecimiento, desplazándolo desde una lógica de solidez hacia una de mayor exposición al ciclo.
EFECTO INFLACIÓN
La normalización inflacionaria aporta un segundo eje de análisis que atraviesa todo el período. El crecimiento nominal de la cartera evoluciona del 7,6 % en diciembre al 8,4 % en enero y al 9,1 % en febrero, mientras que el crecimiento real acelera en paralelo, indicando que el efecto inflacionario pierde protagonismo como motor de expansión. Esta transición es estructuralmente positiva, ya que depura la lectura del crédito y la acerca a fundamentos reales, pero al mismo tiempo eleva el nivel de exigencia sobre la sostenibilidad de la tendencia. En ausencia de la inflación como soporte, el crecimiento debe validarse en la capacidad efectiva de pago de los deudores, un terreno donde el sistema aún enfrenta incertidumbre, la cual no es menor dada la escalada de las tensiones entre el sector y el Gobierno, y más aún ahora, con el conflicto entre el Ministerio de Hacienda y el Banco de la República por el incremento de la tasa de interés. Añadiendo, además, la incertidumbre por la proximidad de las elecciones, donde aún no está claro si los postulados en un eventual gobierno del ala más dura de la izquierda prevalecerán en los próximos 4 años.
El "viento de cola" que representa una inflación controlada en el rango del 3% es el factor que valida o invalidad una proyección de un 2026 expansivo. Mientras la inflación se mantenga en esta senda, el riesgo de un nuevo deterioro es bajo.
EFECTO DE LA CARTERA CASTIGADA ACUMLADA, SOBRE EL SALDO BRUTO
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El saldo que no se ve: la huella de los castigos en la cartera total –
El ritmo de los castigos viene teniendo un impacto no menor sobre el tamaño de la cartera bruta, que en muchos casos termina neutralizando su crecimiento. Al cierre de diciembre de 2023, los castigos alcanzaron su nivel más alto con $1,5 billones, concentrados en consumo, pero con un crecimiento alto en los castigos de cartera comercial. En diciembre de 2024, los castigos descendieron a $1,0 billón, pero con una recomposición, lo que muestra que el ajuste empezó a desplazarse desde los hogares hacia los portafolios corporativos y empresariales, probablemente como efecto rezagado de condiciones financieras restrictivas y de un menor dinamismo económico que presionó la liquidez de las empresas. Para diciembre de 2025, los castigos ascendieron a $1,2 billones, nuevamente con predominio de consumo (77,0 %), mientras que lo comercial redujo su participación al 15,9 %. Finalmente, en febrero de 2026, los castigos aumentaron a $1,3 billones, estabilizando la participación, el estándar tradicional (80,0 % consumo y 10,7 % comercial), retornando al patrón donde los hogares siguen siendo el núcleo del deterioro.
CALIDAD DE CARTERA
- Del cierre anual a la tendencia del primer bimestre: depuración profunda, estabilización y normalización progresiva –
La evolución de la calidad de cartera entre diciembre de 2025 y febrero de 2026 revela un sistema financiero que cerró el año con una depuración contundente, inició 2026 con tensiones estacionales, y entró en febrero en una fase de estabilización técnica, manteniendo la tendencia anual de mejora real del saldo vencido.
Diciembre 2025: el cierre anual confirma la salida del ciclo de deterioro
Diciembre es el punto de referencia estructural. El sistema cerró 2025 con un saldo vencido de $29,3 billones, un indicador de cartera en mora total del 3,83% y una disminución intermensual de $871.800 millones, la mayor corrección de los 3 meses.
Con una perspectiva anual, la mejora es aún más contundente: -16,4% real frente a diciembre de 2024. Impulsado por una caída real de -26,5% en cartera de consumo, reflejo del ajuste más profundo del ciclo. Con reducciones adicionales en vivienda (-6,1%), comercial (-9,4%) y microcrédito (-14,7%).
La cartera al día alcanzó $733,5 billones (bajando frente a los $736, 9 billones de enero 2026), equivalente al 96,2% del saldo total, una señal clara de que el sistema cerró el año con un portafolio mayoritariamente vigente.
VECTOR DE MORA:
La trayectoria del indicador de cartera vencida agregado — 4,7 % en diciembre de 2024 → 3,83 % en diciembre de 2025 → 3,9 % en enero de 2026 → 3,87 % en febrero de 2026— evidencia un patrón claro: primero recuperación, luego estabilidad. La caída de casi 90 puntos básicos durante 2025 confirma que el sistema financiero ejecutó un proceso de depuración profundo y efectivo, cerrando el año con un portafolio significativamente más sano y con una exposición al riesgo claramente contenida.
El sistema financiero colombiano pasó de un ciclo de deterioro a un ciclo de recuperación en 2025, y en el primer bimestre de 2026 consolida una fase de estabilidad técnica, con un indicador de mora que se mantiene firme en niveles manejables y coherentes con un portafolio mayoritariamente vigente.
El deterioro acumulado en 2022–2023 fue absorbido, castigado y depurado. El sistema entró al 2026 con un balance más limpio, provisiones robustas y un riesgo residual en descenso.
CALIDAD DE CARTERA POR MODALIDAD
- El riesgo no está distribuido de manera uniforme. Cada modalidad vive su propio ciclo -
Al extender la mirada hacia el cierre de diciembre de 2025, la trayectoria por modalidad permite distinguir con mayor nitidez el punto en el que cada portafolio se encuentra dentro del ciclo y, sobre todo, cómo se configura la transición hacia 2026. Diciembre marca un hito relevante no solo por ser cierre anual, sino porque concentra el punto más bajo reciente del indicador de mora agregado (3,8%) y, más importante aún, consolida una mejora transversal en todas las modalidades tras el ajuste más severo del ciclo.
CALIDAD CARTERA CONSUMO
En consumo, el indicador pasa de 5,0% en diciembre a 5,1% en enero y se mantiene en 5,1% en febrero, lo que evidencia un cambio claro en la dinámica. El segmento deja de mejorar de forma acelerada y entra en una fase de estabilización temprana, donde el ajuste profundo ya fue absorbido durante 2025. Este comportamiento sugiere que el espacio para reducciones adicionales en mora es cada vez más limitado y que, en adelante, la trayectoria dependerá de la calidad de la originación reciente más que de la depuración del stock heredado. La ligera presión al alza entre diciembre y enero no configura un deterioro estructural, pero sí indica que el segmento ha alcanzado un umbral donde el equilibrio entre nuevos incumplimientos y salidas de cartera empieza a tensarse. Sin embargo, esa estabilidad luce ahora frágil frente a la coyuntura país Si la inflación repunta —y todo indica que lo hará— el consumo será la primera modalidad en mostrarlo.
Pero debajo de esa superficie tranquila se está gestando una presión que todavía no se refleja en los indicadores: el aumento del salario mínimo muy por encima de la inflación.
El SMLMV creció cuatro veces más que la inflación, un salto que, lejos de aliviar la carga financiera de los hogares, está generando un efecto secundario que los bancos ya están empezando a sentir: un aumento generalizado en los precios, especialmente en bienes y servicios intensivos en mano de obra. Es decir, el salario subió, pero también subió el costo de vida.
Por si lo anterior no fuera poco, lo que se vislumbra es aún mayor: un choque simultáneo de precios, costos laborales y disrupción tecnológica que amenaza la capacidad de pago de millones de hogares. En este vector se suma un riesgo, más silencioso y profundo: la aceleración de la automatización y la inteligencia artificial, que está llevando a muchas empresas a preparar recortes de personal, especialmente en sectores donde la mano de obra es intensiva y los márgenes son estrechos.
Es hora de lidiar con esta realidad: La automatización está empezando a desplazar empleo. NO es un riesgo inmediato, pero si inevitable.
El verdadero desafío para 2026 será gestionar una cartera de consumo en un entorno donde el ingreso real cae y la tecnología reemplaza puestos de trabajo más rápido de lo que la economía puede absorberlos.
Y no menor, es la sombra que se ciñe sobre la cartera, una amenaza que, si no se frena, da señales de con convertirse en un detonante para la cartera de consumo: el uso abusivo —y en algunos casos, fraudulento o— de la figura de insolvencia de persona natural.
CALIDAD CARTERA COMERCIAL
En comercial, la estabilidad es aún más evidente. El indicador se mantiene en 3,3% en diciembre, enero y febrero, lo que confirma que este portafolio había completado su ajuste en fases previas del ciclo. La ausencia de variación no debe interpretarse como falta de dinámica, sino como señal de madurez en el proceso de corrección, donde los niveles actuales reflejan un balance entre riesgo contenido y crecimiento moderado. Este comportamiento es consistente con una cartera más estructurada, pero también sugiere que cualquier mejora adicional será gradual y dependiente de condiciones macroeconómicas favorables más que de factores internos de depuración.
Comercial es, hoy, el contrapeso del sistema: el segmento que amortigua la volatilidad de microcrédito y consumo.
CALIDAD CARTERA DE VIVIENDA
En vivienda, la trayectoria es igualmente estable, con un indicador de 3,2% en diciembre, que sube marginalmente a 3,3% en enero y retorna a 3,2% en febrero. Este patrón confirma su naturaleza de baja volatilidad y ajuste rezagado frente al ciclo. La ligera oscilación intermensual no altera la tendencia de fondo, sino que refleja movimientos normales dentro de un rango estrecho. Vivienda no lidera ni el deterioro ni la recuperación, pero su consistencia aporta estabilidad al sistema y actúa como referencia de calidad en contextos de mayor incertidumbre.
Una reducción de 10 puntos básicos en un activo de tan larga maduración como el hipotecario es notable. Indica que los hogares no solo están priorizando su techo, sino que el mercado de vivienda está logrando una digestión saludable de las carteras vigentes.
CALIDAD CARTERA MICROCRÉDITO
En microcrédito, la lectura es más exigente, denotando volatilidad y reacción. El indicador cierre en el 6,8% en diciembre, escala a 7,1% en enero y corrige nuevamente a 6,8% en febrero. Este comportamiento revela un segmento que aún no ha consolidado una tendencia clara de mejora, sino que oscila en niveles elevados de riesgo. El aumento en enero está acorde con los deterioros propios de inicio del año, luego del gasto excesivo de diciembre. Además de una gestión de cobranza extraordinariamente agresiva y efectiva.
La corrección en febrero indica una contención incipiente, aunque todavía frágil. A diferencia de consumo, donde la estabilización se da tras una mejora significativa, en microcrédito la estabilidad ocurre en niveles que siguen siendo altos, lo que implica una exposición persistente a shocks en el ingreso y a dinámicas propias de economías más vulnerables.
En conjunto, la secuencia diciembre–enero–febrero permite afirmar que el sistema ha transitado desde una fase de corrección acelerada en 2025 hacia una etapa de estabilización en el inicio de 2026, pero con velocidades diferenciadas por modalidad. Consumo muestra señales de haber completado su ajuste y entra en una meseta, comercial se mantiene estable en niveles controlados, vivienda conserva su inercia estructural y microcrédito continúa siendo el segmento más rezagado en la consolidación de la mejora. Esta asimetría confirma que la calidad de cartera no evoluciona de manera uniforme y que la siguiente fase del ciclo estará determinada menos por la reducción del deterioro pasado y más por la capacidad de cada segmento de sostener estos niveles en un entorno de reactivación del crédito.
CASTIGOS DE CARTERA – UNA MIRADA MÁS AMPLIA DE LA CALIDAD DEL PORTAFOLIO CREDITICIO
- La ilusión de la mejora: cómo los castigos están reescribiendo la calidad de la cartera -
- ¿Y Cómo cambia el indicador cuando se incorporan los castigos? -
Esta pregunta es bastante relevante, teniendo en cuenta qué, mientras la mora tradicional captura únicamente los vencimientos visibles en balance, la calidad “con castigos” incorpora la cartera que ya fue retirada por pérdida, revelando la historia completa del riesgo - en el argot popular: “sin maquillajes -
La dinámica de los castigos introduce la tercera capa crítica para entender la verdadera calidad de la cartera del sistema, teniendo en cuenta que los castigos son mecanismos naturales de ajuste progresivo. Bajo esta lógica, la evolución del saldo de la cartera y de su calidad, entre diciembre de 2024, diciembre de 2025 y febrero de 2026, muestra una mejora sostenida, pero ajustada vía castigos.
Depurar para crecer: la paradoja de una cartera que mejora al perder
Ampliando la mirada desde 2024, al sumar los castigos, el indicador a diciembre de 2024, prácticamente se duplica, pasando de 4,70% a 10,99%. Esto implica que la cartera castigada representaba un volumen muy significativo del deterioro total: la calidad de la cartera se eleva en 6,29 puntos porcentuales, lo que equivale a un aumento relativo del 134%. Esto se explica en que 2024 fue el año en el que el deterioro acumulado del ciclo 2022–2023 se materializó plenamente, y una parte sustancial del riesgo ya había salido del balance vía castigos.
Para el cierre de 2025, al incorporar los castigos, el indicador sube de 3,83% a 10,07%, un incremento de 6,24 puntos porcentuales, equivalente a un aumento relativo del 163%.
Aunque la mora tradicional cae del 4,70% al 3,83% (una mejora real), la calidad “con castigos” sigue en niveles cercanos al 10%. Esto revela que la mejora del año no proviene solo de un mejor comportamiento de pago, sino también de una depuración agresiva del portafolio, con castigos superiores a los del año anterior.
Para febrero de 2026, al sumar los castigos, el indicador pasa de 3,87% a 10,10% (contenido), un aumento de 6,23 puntos porcentuales, equivalente a un incremento relativo del 161%.
Los castigos crecientes explican buena parte de la mejora. El sistema está limpiando más rápido de lo que se deteriora.
La calidad de cartera sin castigos muestra recuperación; la calidad con castigos revela la profundidad del ajuste. Entre 2024 y 2026, el sistema financiero colombiano no solo redujo la mora visible, sino que también ejecutó una depuración sostenida que mantiene el indicador “con castigos” alrededor del 10%. Esto demuestra que la mejora del portafolio es real, pero aún depende de la eliminación de activos deteriorados y de provisiones sólidas. La estabilidad del diferencial entre ambos indicadores confirma que el ciclo de ajuste no ha concluido, aunque avanza en la dirección correcta.
CALIDAD DE CARTERA POR RIESGO (por calificación)
- La Verdad Detrás del Riesgo: Cuando la Mora Solo Muestra la Superficie -Al analizar esta métrica desde 2024, hasta febrero de 2026, vemos que el sistema financiero está mejorando, pero la recuperación es lenta, desigual y al revisar los indicadores por calificación, la vemos aún cargada de riesgo estructural.
En diciembre de 2024, la cartera calificada mostraba un deterioro profundo: casi uno de cada diez pesos del portafolio estaba en categorías de riesgo, y la cartera en C, D y E representaba casi el 7% del total, un nivel elevado que reflejaba el rezago del ciclo inflacionario, el impacto de tasas altas y la fragilidad del ingreso de hogares y micronegocios.
En diciembre de 2025: depuración profunda, pero riesgo aún elevado.
Mientras la mora se ubicaba en el 3,83 %, el indicador por calificación llegaba al 8,23 % y la participación C-D-E bajaba al 5,74 %, con una mejora de 1,34 puntos porcentuales. Sin embargo, la cartera en riesgo sigue duplicando la mora tradicional.
Diciembre de 2025 marca el inicio de la recuperación, pero también deja claro que el riesgo estructural sigue siendo alto. La cartera calificada aún supera el 8%.
Entre diciembre y febrero, la cartera calificada mejora apenas 14 puntos básicos (8,23% → 8,09%). La participación de C‑D‑E baja marginalmente (5,74% → 5,62%).
Febrero confirma que el sistema está estabilizado, pero no completamente recuperado. La cartera calificada sigue mostrando un riesgo latente que no se ve en la mora tradicional. Esto requiere especial atención en los momentos coyunturales de países que ya hemos señalado.
El sistema ha logrado bajar el riesgo total en casi 90 puntos básicos en 14 meses, a pesar de mantener un ritmo de castigos creciente (pasando de COP 49,1 billones en 2024 a COP 52,9 billones en febrero 2026). Esto confirma que el sistema financiero está "limpiando" su balance más rápido de lo que se deterioran los nuevos créditos. Lo que sí es caro es que ajuste no ha concluido.
En análisis de cartera, todos sabemos que la mora tradicional —la cartera vencida mayor a 30 días— es apenas la punta del iceberg, ya que la verdadera profundidad del riesgo se revela cuando se observa la calidad de cartera por calificación (proporción del portafolio que se encuentra en categorías B, C, D y E, donde se concentran los créditos con mayor probabilidad de incumplimiento). En toda lectura de calidad de cartera, deben convivir tres miradas juntas; solo así podemos asegurar que estamos contando la verdad completa. La calidad por mora, como la lectura del presente inmediato, la típica foto instantánea; la calidad por riesgo/calificación, que incorpora la expectativa de pérdida y revela lo que late debajo, ese riesgo que aún no se ve, pero ya respira; y el indicador con castigos, que nos deja ver la realidad histórica completa de ese carrusel de fotos, esa memoria recopilada en el álbum entero, con todas las cicatrices y aprendizajes del camino. Solo cuando unimos estas tres capas —instante, posibilidad y pasado— entendemos realmente la historia que la cartera quiere contarnos.
PROVISIONES
Las provisiones totales, o deterioro bajo las NIIF, cerraron el mes de febrero con una variación real anual negativa del 4,87 % (en parte por efecto de mecanismos como la desacumulación) y un saldo de $42,3 mil millones. Al adicionar las Provisiones Generales Adicionales (PGA) a las que se refiere la Circular Externa (CE) 022 de 2020, este valor ascendió a $42,4 mil millones, con una variación real anual negativa del 4,93 %. Las PGA contabilizaron $89,2 millones, sin variación respecto al mes anterior. En cuanto a las provisiones para reconocer los intereses causados no recaudados, acumularon $40,2 millones. Por otra parte, las provisiones adicionales por política interna de los EC sumaron $2,3 mil millones, y las correspondientes a la CE 026 de 2022 alcanzaron los $102,4 millones. Del total de provisiones, $8,5 mil millones correspondieron a la categoría A (la de menor riesgo). El saldo del componente contracíclico se ubicó en $5,2 mil millones. El indicador de cobertura por mora, calculado como la relación entre el saldo de provisiones y la cartera vencida, se situó en 140,6 % (sin incluir PGA). Esto se traduce en que, por cada peso de cartera con mora mayor a 30 días, los EC cuentan con cerca de $1,4 para cubrirlo.
El sistema de provisiones en Colombia establece que todos los créditos desde que nacen deben constituir un mínimo de provisión. Las provisiones corresponden a los recursos que destinan los EC para cubrir posibles pérdidas futuras y se reduzca el valor del activo ante la posibilidad de que un deudor o contraparte incumpla sus obligaciones crediticias.
En línea con las expectativas del supervisor, en lo corrido del año varias entidades han decidido autónomamente hacer uso del mecanismo de desacumulación de las Provisiones Generales Adicionales (PGA) constituidas en el marco de la CE 026 de 2022. Es importante destacar que, además de las PGA, los EC también pueden hacer uso de las provisiones contracíclicas, cuya desacumulación permite compensar el incremento en el gasto de provisiones en caso de la materialización del riesgo de crédito, limitando así la prociclicidad del sistema financiero (Carta Circular 019 de 2023).
Cuando sumamos los castigos el indicador de cubrimiento cambia:
En este contexto, la evolución del indicador de cubrimiento, que pasa de 111,67% en diciembre de 2024 a 115,43% en diciembre de 2025 y 114,82% en febrero de 2026, refuerza la lectura de prudencia en la gestión del riesgo. El sistema no solo ha depurado cartera, sino que ha mantenido niveles de provisión suficientes para absorber pérdidas esperadas. Sin embargo, este fortalecimiento del cubrimiento también debe interpretarse como una respuesta a la persistencia del riesgo subyacente, más que como evidencia de su desaparición.
Indicador de Cubrimiento con castigos (escenario ácido): Mantenerse por encima del 114% es una señal de fortaleza extrema; significa que, por cada peso de cartera vencida, incluida la cartera castigada el sistema tiene $1,14 en reservas.
Febrero confirma que el sistema está estabilizado, pero no completamente recuperado. La cartera calificada sigue mostrando un riesgo latente que no se ve en la mora tradicional. Esto requiere especial atención en los momentos coyunturales de países que ya hemos señalado.
Colombia está dejando atrás el ciclo de contracción crediticia y entrando en una fase de crecimiento real, moderado y sostenible, con fundamentos más sólidos, una recomposición saludable del riesgo, aunque no completa y un sistema financiero que va recuperando su apetito de riesgo.

