BREVE Y SUSTANCIOSO - Hacer un debate ideológico cooperativo es urgente pero también complejo.

• Eficiencia empresarial y filosofía cooperativa son complemento.
• Falta integralidad para defender esencia del sector.
Por: Luis Sánchez Fernández : periodista cooperativo con más de 30 años visibilizando el sector de la economía solidaria. Jefe de prensa y comunicaciones de diferentes cooperativas y gremios.
Hacer un debate ideológico cooperativo es urgente, pero también complejo. Personalmente lo he sugerido y reiterado, como he tratado con algunos representantes gremiales y cooperativos, quienes, a su vez, también lo comentan en voz baja en los diferentes escenarios en los que se reúnen.
En ambos casos, es incontrovertible la sensibilidad que la propuesta genera. En esa gestión, he percibido un sutil tufillo a prudencia estratégica, a una complicidad silenciosa de neutralidad corporativa, pero con una alta expectativa de ver quién se atreve a dar el primer paso, como si ese hecho implicara taxativamente un señalamiento de censura y hasta un choque entre pares.
Es sabido por todos que en el mundo empresarial, y no somos la excepción, hay celos corporativos y de jerarquía ( el Egocoop, que nos está matando, como lo dice Carlos Acero, presidente nacional de Confecoop), donde el estatus de representatividad es “clave”. Por ello he tratado insistentemente de motivar a los llamados a convocar.
Pero como no se trata de entrar en una estéril polémica mediática, donde cada quien tiene los suficientes argumentos y objeciones para no avanzar, como lo evidencia la falsa dicotomía, absurda por demás, en que se han enfrascado los mal llamados “viejos” y “nuevos” actores de la “moderna administración” , simplemente quiero recordar y recalcar, que estamos cuestionando un axioma.
La verdad de a puño es que somos (por no decir que el único) un prestigioso sector que lleva intrínseca la filosofía, los principios y los valores cooperativos o solidarios; con identidad, particularidades y estructuras propias. Son factores que lo determinan, no son caprichos ni simples opciones románticas de “constructores” de “empresas exitosas” en otrora, y por ello anacrónicas hoy. Esa no es la discusión, es un sofisma.
Tampoco lo es entender y aceptar como obligatorio, el aplicar las modernas estrategias, técnicas, tecnologías, y todas las narrativas empresariales que la actualidad del mercado exige, para ser competitivos y sostenibles en función de la base social. La eficiencia administrativa empresarial y la filosofía cooperativa siempre han sido complementarias en el sector. De hecho, coexisten.
El meollo es la falta de integralidad para defender la esencia del sector que está siendo amenazada. Aquí, el pecado capital es la asimetría de poder. Los expertos conferencistas externos y los nuevos administradores invitados, son de otro sector, con otra “filosofía” o visión de empresa, con un sesgo de “formación”, convencidos de que el éxito radica en maximizar las ganancias de la empresa para los accionistas, y aquí no existe esa premisa.
Entonces, no basta con tener mucha experiencia en el sector tradicional, en inclusión financiera y ser un erudito banquero, para llegar a profetizar en un sector que no conocen y es opuesto, aunque se vean parecidos.
Sin embargo, sería injusto culpar de esa actitud solo al experto foráneo, quien con razón asume ese rol, de “maestro” , porque el mismo sector cree que es suficiente con que domine la temática, los procesos, y no se preocupa por darle una profunda y suficiente inducción, una verdadera contextualización del sector, que lo hace diferente al suyo. Aquí, la “enseñanza” es de doble vía”, ambos tienen que aprender y enseñar.
Por eso se ha vuelto común , incluso en algunos nutridos y versados (¿?) cooperativistas, utilizar erróneamente el glosario del sector financiero tradicional en el sector cooperativo con actividad financiera. Por ejemplo: clientes, por asociados; utilidades o ganancias, por excedentes; distribución de utilidades, por distribución de excedentes; asamblea de accionistas, por asamblea de asociados y tantos más. Y ahí, en esos aparentes e inofensivos términos, parecidos pero no iguales, como estructuralmente opuestas, las empresas, ya se está desnaturalizando el sector.
Como se notará, hay mucha tela de donde cortar para volver a la esencia, al factor diferenciador, que constituye la gran fortaleza competitiva del sector. De lo contrario, podría resultar una mala copia de una empresa financiera tradicional. Ese sí que es un motivador contundente, para la urgente convocatoria a un gran debate ideológico.
Desde aquí, seguiremos en la tarea, convencidos. Ahí les dejo la reflexión.
