El tristemente célebre crédito “gota a gota” estaría moviendo al alrededor de 3.900 millones de pesos diarios, solo en intereses… ¿Cuánto nos estará costando en vidas humanas?

German Peña, es fundador y CEO de El Socio, startup especialista en el canal tradicional, diseñando soluciones financieras y de analítica para tenderos en el país.

Aún tenemos trabajo por hacer

Por: German Peña, es fundador, CEO de El Socio, startup especialista en el canal tradicional, diseñando soluciones financieras y de analítica para tenderos en el país.
Se desempeñó, entre otros cargos, como Director de Riesgo y Analítica para las Américas de LenddoEFL. Es informático matemático de la Universidad Javeriana y Magister en Finanzas, de la Universidad de Los Andes, cuenta además con las certificaciones Chartered Financial Analyst (CFA) y Financial Risk Manager (FRM®) de la Global Association of Risk Professionals (GARP).
german.ph@gmail.com

El problema sigue creciendo. Primero fue Ecuador y luego Perú. Ahora se extiende por Chile, Argentina, Brasil, México, Guatemala,  Honduras y sigue conquistando Latinoamérica. El tristemente célebre crédito gota a gota (reconocido como crédito exprés o a la colombiana) sigue ganando terreno en la región a velocidad exponencial, paradójicamente
en la misma época donde los préstamos de acceso fácil y rápido, prometían democratizar el crédito. Ni siquiera el COVID-19 parece detenerlo.

De acuerdo con la Universidad Central de Bogotá, en Colombia se mueven alrededor de 3.900 millones de pesos diarios solo en intereses en este tipo de transacciones, lo que representa un crecimiento del 40% en medio de la pandemia. Mientras tanto, la banca tradicional sigue buscando estrategias para atender la situación.
Lo más doloroso es que el “gota a gota” cuesta vidas; investigaciones realizadas por el diario El País de Cali, y la plataforma Connectas, han documentado historias de más de 200 deudores muertos, 45 cobradores asesinados y decenas de suicidios reportados en Latinoamérica.

Todas estas cifras deberían ser motivo suficiente para que nadie volviera a aplicar a este tipo de créditos y sin embargo algunas personas siguen arriesgando su vida y su tranquilidad.
Más que como jugadores de la industria, hoy debemos reflexionar como sociedad y empezar a buscar respuestas a una pregunta básica: ¿Por qué, más y más personas siguen accediendo al crédito “gota a gota” a pesar de las altas tasas de interés acompañadas de la violencia y angustia que causa este tipo de préstamos?

El problema de los informales

Aunque las plataformas digitales han hecho un trabajo interesante con el aumento de la oferta de préstamos, es innegable que aún persisten barreras de acceso al crédito, especialmente en la base de la pirámide y el sector informal. La dificultad para poder estimar ingresos y validar información, no permite que muchas entidades financieras reguladas y no reguladas puedan tomar posiciones en este tipo de población. Es allí, en medio de esta coyuntura, donde los prestamistas informales explotan la necesidad de quienes precisan el dinero.
Para completar el panorama, el crédito formal sigue teniendo una connotación negativa en buena parte de la población. En general, las personas lo consideran un problema cuando debería ser reconocido como lo que es: un mecanismo de progreso. En el imaginario popular se ha enquistado aquella expresión de “estar reportado” con la consiguiente animadversión a las centrales de riesgo, pasando por alto que es precisamente la posibilidad de compartir información el primer paso en cualquier iniciativa de inclusión financiera.

Entonces ¿de dónde surge el éxito del “gota a gota”?

Primero, la inmediatez. Los sectores de menos ingresos enfrentan necesidades de flujo de caja que por lo general requieren atención inmediata. Es evidente que la misma informalidad de este tipo de créditos permite desembolsar el dinero casi de forma instantánea. Segundo, la posibilidad de acceder con relativa facilidad es una condición atractiva que cautiva a más y más personas. Es innegable que los usuarios tienden a subestimar los riesgos que están tomando al adquirir un préstamo de este estilo, terreno fértil para que los prestamistas informales exploten dicha condición con una tercera característica ideal: un lenguaje sencillo de entender.
Evidentemente estas propiedades están apalancadas sobre un exceso de violencia que invalida cualquier beneficio que se pudiera considerar.

Entonces ¿qué hacer?

El primer paso sin ninguna duda es la experiencia de usuario. Para ello, vale la pena pensar en el éxito de Uber. ¿Qué hizo que Uber fuera
considerado un jugador disruptivo en el mercado de transporte de personas?; ¿Acaso era la tecnología? ¡No!; era la experiencia de usuario: vehículos limpios, conductores educados, precios transparentes, rutas claras, métodos de calificación, entre otros. En los servicios financieros ha pasado un fenómeno bastante particular: el modelo de negocio se ha centrado en la Data y
se ha olvidado de los usuarios. Buena parte de las entidades financieras, Fintechs y Online Lenders presumen de usar miles y miles de puntos de datos, algoritmos complejos y alcanzar medidas de discriminación significativas, olvidando por completo la importancia de una interacción mucho más amigable con el usuario final.

Por suerte, hay entidades que están haciendo un trabajo interesante. Un ejemplo claro son las billeteras móviles, quienes han comprendido la importancia de ofrecer interacciones sencillas que permitan construir relaciones de largo plazo. El mercado del sudeste asiático es un ejemplo claro de esta tendencia. Aunque pareciera una experiencia lejana, dichos países presentan dos características que pueden parecer familiares: la alta proporción de personas empleadas informalmente y la prevalencia del dinero en efectivo.
Plataformas como Wing en Camboya han diseñado todo un ecosistema que le facilita al usuario hacer transacciones de manera sencilla, mezclando modelos virtuales con presencia física, a costos bajos y con estrategias claras de monetización derivadas de una alta aceptación y satisfacción del usuario.

¿Entonces qué pasa con los algoritmos y la Data? son una herramientas más, pero el centro de cualquier diseño de producto es el usuario final.

Otro país donde se están haciendo esfuerzos interesantes con modelos alternativos de crédito y cobranza es México. Entidades como Finvivir han transformado el modelo de microcrédito tradicional a través del desarrollo de redes de asesoras que se encargan de ofrecer créditos entre sus familiares y conocidos, con desembolsos inmediatos y en efectivo, lo cual permite reducir significativamente los tiempos de respuesta y los costos de adquisición.
Así mismo, han acompañado estos productos con un impresionante trabajo posicionándose como verdaderos aliados de sus clientes a través de una efectiva educación financiera. La cobranza
no se basa en la recuperación del dinero, sino en la recuperación del cliente, lo cual incluye medidas tan inesperadas como la reducción de los tiempos de reporte negativo en centrales, entre otras.
Aunque hay avances significativos en los últimos años, hay que reconocer que aún tenemos trabajo por hacer. El “gota a gota” sigue creciendo y se está transformando en una verdadera amenaza para nuestra sociedad. Y para ello es importante volver a pensar el negocio en función de nuestros usuarios finales. Es paradójico escuchar a organizaciones que hablan de Big Data, machine learning e inteligencia artificial, mientras sus usuarios se quejan por la imposibilidad de usar satisfactoriamente sus servicios. Es allí, donde prestamistas informales encuentran la oportunidad.

Mi invitación es a repensar las interacciones con nuestros usuarios donde seamos capaces de construir productos que realmente satisfagan sus necesidades. Solo así podremos acabar con la demanda del crédito “gota a gota” de una vez por todas. Nadie merece ni debe hipotecar su tranquilidad por un crédito.