"Abrigo" la nueva Alianza Bancaria con el Gobierno. De nuevo, otra ingeniosa estrategia para desactivar la peligrosa Inversión Forzosa de Petro

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Banca y Gobierno Nacional acuerdan dar 2,1 millones de nuevos créditos y alivios sin precedentes a damnificados por la emergencia climática. 

• Asobancaria y el Ministerio de Hacienda suscribieron el acuerdo “Abrigo”, una alternativa a las inversiones forzosas que combina períodos de gracia de hasta 12 meses y nuevos créditos. 

Bogotá, 11 de marzo de 2026. Asobancaria anuncia la suscripción de "Abrigo" (Alianza Bancaria por la Recuperación Integral y la Generación de Oportunidades), un acuerdo que constituye una alternativa a las inversiones forzosas para atender financieramente a los colombianos afectados por la emergencia climática, acuerdo que se da tras más de una docena de reuniones con el Ministerio de Hacienda y Crédito Público y la Superintendencia Financiera de Colombia, en las que también participó el presidente de la República,   El programa entra en vigencia a partir del jueves 12 de marzo.

 Abrigo se estructura en dos componentes. El primero son los alivios.  Los deudores inscritos en el Registro Único de Damnificados (RUD) podrán solicitar, dependiendo de su nivel de afectación, períodos de gracia de hasta 12 meses sin causación ni cobro de intereses. Los beneficiarios conservarán su calificación crediticia, no serán reportados negativamente en centrales de riesgo y se suspenderán de inmediato los cobros jurídicos y prejurídicos. La Superintendencia Financiera de Colombia expedirá las instrucciones correspondientes y cada entidad deberá habilitar canales de atención desde mañana.

El segundo componente es la reactivación económica. El sector bancario se comprometió a otorgar, durante los próximos 12 meses, 2,1 millones de nuevos créditos en los ocho departamentos afectados, lo que representa un crecimiento del 15% real frente a los 1,8 millones que se colocan habitualmente en la zona. Esto significa 270.000 créditos adicionales que no se habrían desembolsado sin este acuerdo.

Estos créditos se orientarán de manera más que proporcional al sector productivo, con énfasis en turismo, agricultura e industria, donde la meta de crecimiento será de al menos el 20%. Cerca del 10% de esos créditos, es decir, más de 200.000 operaciones, vendrán acompañados de instrumentos del Gobierno Nacional: 210.000 garantías del Fondo Nacional de Garantías con cobertura de hasta el 90% y líneas de redescuento de Bancóldex para 150.000 créditos productivos. Los créditos con mayor cobertura del FNG tendrán una tasa de interés que no podrá superar IBR más 6 puntos porcentuales. Adicionalmente, se habilitará una línea de crédito para comunidades organizadas en esquemas cooperativos o asociativos vinculadas a la reactivación productiva de la zona.

Sobre "Abrigo" , Jonathan Malagón, presidente de Asobancaria, señaló que "este acuerdo es la prueba de que el diálogo funciona. Fueron semanas de trabajo intenso, más de una docena de reuniones en puntos en los que inicialmente no estábamos de acuerdo, pero siempre con la convicción de que sentados en la misma mesa se construyen mejores soluciones que desde la imposición. Hoy le damos a Colombia buenas noticias. “Abrigo” es una alternativa a las inversiones forzosas, construida entre el sector financiero y el Gobierno, que no solo les dice a los damnificados que sus deudas pueden esperar sin que les cueste un solo peso en intereses, sino que traza desde ya la ruta de la recuperación económica de la zona: con más crédito, enfocado en lo productivo y en mejores condiciones. El sector financiero cumplió su palabra".

Recordemos que en el Consejo de Ministros realizado el jueves 12 de febrero,  con ocasión de la Ola Invernal,  el Presidente Gustavo Petro, habia revivido el Fantasma de las Inversiones Forzosas para la banca, espacio en el que  cuestionó al sistema bancario colombiano, argumentando por un lado, que sería el  instrumento con el que se buscaría solventar las necesidades de las poblaciones afectadas por la ola invernal y por el otro, que ya en la oportunidad anterior, la banca había evadido asumir esta inversión, comprometiendose con el "Pacto por el crédito", Pácto que no cumplió con la economía Popular:  “La banca me engañó porque se hizo un pacto que era en vez de presentar el proyecto de ley de reforma de inversión forzosa, aumentándola para el mundo urbano y el mundo rural (...) Entonces no hay casi ningún crédito asociativo, no se desplazaron hacia la producción, que era la propuesta, siguen sin el crédito de consumo, se llevan la plata fuera del país, les da rabia que queramos entrarla porque cómo un país va a exportar su ahorro”, mencionó Petro en su momento.

El mecanismo de Inversión Forsoza ha sido siempre rechazado por la banca y por la mayoría de economistas y expertos. En palabras de Malagon: "encarecen el crédito, reducen la eficiencia del sistema, ponen en riesgo el ahorro de los colombianos y frenan el avance de la digitalización".

Según calculos de Asobancaria, de aplicarse esta medida, las tasas de interés podrían aumentar entre 50 y 100 puntos básicos, lo que se traduciría en mayores cargas financieras para hogares y empresas. “Cien puntos básicos adicionales implican que, en un préstamo de vivienda VIS promedio, una persona podría pagar hasta 37 millones de pesos más solo en intereses”, explicó Malagon en su momento. 

Incluso el pasado 18 de febrero, seis exministros de Hacienda se unieron a las voces de rechazo de esta medida y mediante una carta dirigida a la opinión pública,  Advirtieron que este mecanismo “no es adecuado para fomentar el crédito ni para atender la emergencia”. Según ellos, podría encarecer las tasas, reducir la disponibilidad de recursos y terminar afectando a quienes más necesitan financiación.  Argumentando que existen instrumentos más eficaces y menos costosos para canalizar recursos hacia los sectores afectados, como garantías del redescuento, subsidios focalizados a la tasa de interés y líneas de redescuento.  

LAS PELIGROSAS AMENZAS DE PETRO 

No es, además, la primera vez que la banca consigue desactivar la amenza del Presidenet Petro de una inversión forzosa, mecanismo que consiste en que los bancos tienen la obligación de destinar un porcentaje específico de los ahorros captados del público a inversiones obligatorias, habitualmente en títulos que luego se emplean para financiar uno o varios sectores determinados. es decir, destinar una parte de sus recursos a créditos con condiciones preferenciales (plazos más largos y tasas más bajas) para financiar sectores que el gobierno priorice). 

Las inversiones forzosas surgieron en Colombia desde 1950, pero realmente se intrumentarion en 1.960 a traves de los Títulos de Desarrollo Agropecuario (TDA) — aún vigentes. Con este instrumento, el Estado busca favorecer a sectores que identifica con insuficiente acceso al crédito, estableciendo decretos que permiten analizar recursos hacia áreas seleccionadas de la economía.

La Banca ya había logrado, antes con el Pacto Nacional por el Crédito, un acuerdo que —bajo la premisa de un gran esfuerzo concertado— permitió reemplazar la propuesta inicial de obligar a las entidades financieras a destinar recursos por decreto. En ese momento, la banca se comprometió a movilizar $55 billones adicionales en 18 meses hacia sectores estratégicos, cifra que se presentó como un triunfo de la concertación y del “esfuerzo común”.

Aquel pacto, celebrado como un hito por Asobancaria, funcionó como una salida política elegante para desmontar una medida que ni siquiera contaba con el respaldo pleno del propio gabinete económico. Pero lo más importante del Pacto por el crédito fue que la banca logró mantener las condiciones de mercado, sobre la colocación.

La verdera victoria para la Banca en su  momento,  fue lograr  libertad para colocar los recursos a CONDICIONES DE MERCADO. Si bien se hicieron los mayores esfuerzos para mejorar las condiciones de las colocaciones de este gran paquete de créditos, especialmente en lograr mejores tasas, al final del día las condiciones fueron las condiciones de mercado, y especialmente de RIESGO, una premisa en la que el sector financiero como un todo,  no puede nunca ceder.  Créditos que terminen siendo rentables y sostenibles en una cartera recuperable, por que, recordemos que  lo que se presta es el ahorro de los colombianos, no la plata del banco.  

Aunque los créditos de Abrigo se espera que se coloquen con mayor tolerancia al riesgo, su indicador de "Default" deberá estar dentro de los estimados de cada banco.  Así las cosas, aceptar imponer techos a la tasa de interés o al plazo o las condiciones de aprobación o al análisis de riesgo, resultaría un remedio peor que la enfermedad. 

Ese antecedente demuestra que el sector financiero ha sabido, una y otra vez, reencauzar las presiones regulatorias hacia acuerdos voluntarios, preservando su autonomía y evitando la imposición de mecanismos de intervención directa como la inversión forzosa.

 

LA URGENCIA DE RESCATAR EL TRABAJO CONJUNTO ENTRE ESTADO Y EMPRESA Y PRESERVAR LA CONFIANZA

Gracias a una estrategia hábilmente orquestada por los presidentes de los bancos y entidades financieras, con el liderazgo de Jonathan Malagon presidente de Asobancaria como vocera, fue transmitida con precisión quirúrgica al equipo técnico del Ministerio de Hacienda,  —recordemos, entre paréntesis, que la banca ha operado históricamente en modo conciliador frente al Gobierno y especialmente con Petro —, se logró acelerar y cerrar, por fin, una negociación que no admitía más dilaciones.

En últimas, los bancos aceptaron,como siempre lo han hecho, asumir públicamente el compromiso de hacer mejor, más rápido y con mayor alcance aquello que constituye su razón de ser: prestar recursos al país real. Ese compromiso —que no es concesión sino responsabilidad histórica— se convierte hoy en un gesto político de corresponsabilidad, una señal clara de que el sector financiero entiende la urgencia del momento y está dispuesto a alinearse con la agenda nacional de reactivación, impulsando inversión, empleo y bienestar. En esa convergenciaEstado, banca y sectores productivos— se juega buena parte del progreso económico y social que el país reclama, y es lo que precisamente el Gobierno Petro, ha destruido en sus ya casi cuatro años de gobierno.  

Esta convergencia que hoy se logra con “abrigo” no puede ocultar la fractura profunda que el Gobierno ha abierto con el sector privado, los gremios y el empresariado, precisamente los actores que pueden aportar los motores que sus propias políticas requieren para materializarse. La distancia creada —especialmente por posturas ideológicas, desconfianza y decisiones unilaterales— ha debilitado los canales de cooperación que históricamente han sostenido la inversión, la innovación y el empleo. Y aunque aún es posible reconstruir ese puente, cada día que pasa sin un diálogo real y sin una visión compartida hace más difícil reactivar la economía con la velocidad que el país necesita. Porque, en últimas, es en esa convergencia —Estado y tejido empresarial— donde se apalanca el crecimiento y el desarrollo que el país reclama.

Recordarle al Gobierno que cada día nos jugamos algo más profundo—la arquitectura misma del financiamiento del país y su estabilidad social y económica.

Como ya lo habia dicho Jonathan Malagón en el pasado congreso de Tesoría de Asobancaria: La libertad, la participación y la confianza que legitiman las democracias, son también las condiciones que permiten que los mercados funcionen adecuadamente; hoy, política y mercados son dimensiones inseparables, y las decisiones públicas inciden directamente sobre la formación de precios, la inversión, el acceso al crédito y la confianza de los agentes económicos.

El mensaje sigue siendo uno solo: El crédito debe seguir siendo sostenible, recuperable y responsable, porque lo que se presta es el ahorro de los colombianos.