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Edición No.33

La gestión de cobranza se constituye en una actividad transversal a todo tipo de empresas de todos los tamaños y sectores, siendo el pilar de estabilidad financiera y crecimiento sano como sostenible de cualquier negocio, especialmente relevante para las entidades crediticias quienes encuentran en la cartera su activo más valioso, con impacto directo en la utilidad, y actor principal de la liquidez.

Si bien la cobranza se enmarca como etapa del ciclo de riesgo, su actuación trasciende al actuar comercial, el relacionamiento con el cliente y la gestión de experiencias, como un...

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Edición No.33

La gestión de cobranza se constituye en una actividad transversal a todo tipo de empresas de todos los tamaños y sectores, siendo el pilar de estabilidad financiera y crecimiento sano como sostenible de cualquier negocio, especialmente relevante para las entidades crediticias quienes encuentran en la cartera su activo más valioso, con impacto directo en la utilidad, y actor principal de la liquidez.

Si bien la cobranza se enmarca como etapa del ciclo de riesgo, su actuación trasciende al actuar comercial, el relacionamiento con el cliente y la gestión de experiencias, como un proceso altamente sensible en esos momentos de “verdad”, de alto nivel de recordación. Por su parte genera múltiples encadenamientos, con la mayoría de áreas de negocio.

No digamos que las áreas de cobranza se sacuden del status quo, porque estamos ante una industria acostumbrada a reinventarse; sin embargo sí estamos presenciando un momento muy importante de transformación y de creación de nuevas y mejores capacidades, que nacen de los desafíos que imponen los nuevos entonos socio-tecnológicos y poblaciones más protagonistas, en las que el deudor moroso, no solo retoma su condición de cliente y consumidor, si no que se convierte en “prosumers”, término que se refiere a la intervención de las personas en el producto, el servicio y el proceso. Ya no tenemos solo consumidores pasivos, ahora los clientes producen información, opinan, señalan, exigen y lo que es más importante: generan críticas que se vuelven públicas en redes sociales o recomiendan, hito que se constituye en el mayor detonante de la reputación corporativa.